miércoles, 16 de enero de 2013

El Yuyófago




Varios fueron los intentos por domesticar al Yuyófago entre los pueblos seminómades de las altas cumbres del sur, con la intención de utilizar su voraz apetito por toda clase de hierbas silvestres para desbrozar los campos destinados al cultivo. Sin embargo se descubrió que sus heces (con altas concentraciones de minerales) salaban la tierra. Se cree que las numerosas manadas de Yuyófagos que se desplazaban entre las altas cumbres y la gran cordillera en épocas más remotas originaron la formación de los desiertos y salares de esa parte del mundo.

El Perezoso copetón



Criatura endémica de las altas cumbres del sur, el Perezoso copetón es difícil de encontrar debido a su extraordinaria habilidad para mimetizarse con las rocas. Incluso, su hirsuto copete suele confundirse con la rala vegetación de la zona, porque lo cual el único elemento para reconocerlo es su bostezo, similar a una sonrisa.

viernes, 6 de abril de 2012

El dragón arbóreo


Durante siglos se consideró extinto al dragón arbóreo. Hasta donde se tiene registrado, quedan pocos ejemplares de esta especie y se sospecha que apenas sobrevive menos de una docena en los reducidos bosques de las Montañas del Poniente. No sólo la reducción de los bosques de coníferas ha mermado su población, sino también la reducción de especies como la liebre de las nieves, los venados cola blanca y el fénix, que constituyen su dieta principal. En temporadas, ha tratado de reemplazarlos por ovejas, cabras y perros domésticos, lo que ha derivado en intensas cacerías.
(Gregorio Cervantes Mejía)

León celeste


El león celeste es un animal tímido, pese a su gran tamaño y corpulencia. Comparte con el león común sólo el aspecto, aunque entre la cultura Mochiteca (580-365 a.C.) fue elevado al rango de dios de la guerra, por lo que sus esporádicas apariciones eran tomadas como señales para iniciar los periodos de “guerras floridas”, práctica que siglos después fue recuperada y perfeccionada por los mexicas. Se ha demostrado, sin embargo, que el león celeste es de hábitos pacíficos, por los cuales los pueblos agrícolas del altiplano central veían en su aparición (que por lo regular precede a la temporada de lluvias) un buen augurio para las cosechas.
(Gregorio Cervantes Mejía)